4.- NACIONALISMO, MILITARISMO E IMPERIALISMO ESPAÑOL:
Para contener este problema creciente, el Gobierno del PP ha recurrido a una generalizada ofensiva españolizadora, especialmente en el campo educativo, universitario, cultural, histórico, etc., es decir, sobre lo que condiciona e influye en la creación y evolución de identidades, referentes y sentimientos colectivos, sobre todo los de los pueblos oprimidos. Esta ofensiva ha sido tan estudiada ya que no vamos a extendernos en ella por ausencia de espacio; pero también ha intentado otras tres soluciones que guardan una relación directa con la anterior. Una de ellas, y por seguir con la "cuestión militar", consiste en prestigiar en lo posible al Ejército profesional, relacionándolo con otros e integrándolo en operaciones exteriores para aumentar, de paso, su prestigio interno. Pero semejante plan sufrió un rotundo fracaso en 1997 en lo relacionado a crear un "mando español" porque la OTAN impuso una estructura de mando que partía en dos al Estado, y el orgullo español tuvo que contentarse con un mando de tercer nivel, subregional, en Madrid subordinado a Nápoles en el Mediterráneo y a Lisboa en el Atlántico. Después, todos los comportamientos serviles de agradar a los EEUU no sirvieron apenas de nada hasta que Bush decidió relanzar la "guerra de las galaxias" necesitando a la península como base operativa. Mientras tanto, el PP, con el apoyo del PSOE, mandó el Ejército a Kosovo en una decisión tomada en octubre de 1998 y ejecutada el 23 de marzo de 1999 con un costo de 17.377 millones-pts. Como hemos visto, esta aventura no mejoró su prestigio interno sino al contrario. Del mismo modo, tras el 11 de septiembre pasado, el PP ha vuelto a ponerse incondicionalmente a las órdenes de EE.UU, y sólo IU en voz de W. Meyer, responsable de defensa de la coalición, ha sometido a una crítica suave ese servilismo.
Otra solución es la de intentar aumentar la presencia del capitalismo español en el mercado mundial, sobre todo en el latinoamericano y norteafricano, relacionada con la tercera --decisiva-- que veremos luego que busca evitar que el Estado sea desplazado a simple periferia en la UE. No podemos separar artificialmente estos diversos componentes porque se apoyan entre sí --por ejemplo, los intereses del Estado francés de desplazar al español en las relaciones con Marruecos a costa el pueblo saharaui son inseparables de sus acuerdos con Alemania para asegurar que esta superpotencia mantenga relaciones preferentes con París a pesar de su expansionismo incontenible hacia el este-- aunque sí haremos algunas distinciones. El PP, como todo gobierno burgués, ha hecho esfuerzos intensos por facilitar el expansionismo subimperialista español. Ya desde 1996 decidió utilizar la deuda externa como trampolín para sus inversiones en los países deudores, y se lograron realizar inversiones en Jordania, Marruecos, Madagascar, El Salvador, etc., pero aunque en octubre de 1997 esa deuda se acercaba a los 4 billones-pts e intervenían en el montaje ONGs creadas al efecto, el plan no dio buenos resultados.
En 1999 la inversión exterior llegó a 6,82 billones-pts, un aumento del 242% con respecto al año anterior, y de esa cantidad Latinoamérica absorbía el 63,10% del total. Pues bien, si debemos hablar de subimperialismo español en el mundo teniendo en cuenta su posición retrasada en la lista de potencias capitalistas, como hemos visto antes, en Latinoamérica sí es verdadero imperialismo pues, con los datos actuales, sólo es superado por EE.UU. En 1999 el 18% del PIB estatal provenía de la expoliación imperialista de los pueblos amerindios. Pero el PP aumentó su apoyo al expansionismo exterior como respuesta obligada al giro hacia el este europeo del imperialismo alemán. En junio del 2000, por ejemplo, el Estado organizó reuniones de 154 empresas con las autoridades de Polonia para facilitar la penetración del capital español en aquella parte neurálgica del este europeo. Sólo 11 meses después, en junio del 2001,y ante el dramático retroceso del Estado español en el proceso europeo, el Gobierno del PP volvió a organizar otra reunión con las autoridades polacas, incluida una visita del rey que Franco nombró. Tal retroceso, que analizaremos a continuación, está llevando al desasosiego e inquietud extrema al PP, como unidad fanática, consciente de que debe redoblar y unificar sus esfuerzos para evitar el desastre. Un ejemplo nos lo ha dado el 15 de noviembre Jiménez de Parga, Presidente del Tribunal Constitucional español, al unir de manera indisoluble la fuerza dictatorial interna en el Estado, aplaudiendo las restricciones a las libertades democráticas en los EE.UU, con el futuro inmediato de los intereses españoles en el exterior, sobre todo en Latinoamérica y en Europa: "se nos respetará más" ha afirmado con la anacrónica arrogancia de los tercios de Flandes.
5.- PERIFERIA, UNION EUROPEA Y ORDENACION CAPITALISTA:
Efectivamente, y entrando a la tercera y realmente decisiva solución, lograr un mayor respeto por otras burguesías sólo es posible si el capitalismo español recorta la distancia que le separa de la "Europa de primera velocidad", brecha que pese a sus fluctuaciones se mantiene irreducible. Debemos insistir en que es una brecha no sólo económica sino global, es decir, que expresa el grado de evolución del capitalismo como totalidad de relaciones sociales y fuerzas productivas. Y aquí radica la gravedad del problema porque, desde una perspectiva histórico-mundial, vemos que tras algo más de un siglo, es decir, desde finales del siglo XIX hasta ahora, se ha reducido el número de países capitalistas realmente poderosos, quedándose en el camino varios que sí disponían de recursos para llegar a serlo --Argentina y Brasil, por ejemplo-- y "sobreviviendo" muy pocos; y si alargamos la mirada hacia el final del siglo XVIII vemos que todavía existían más países --por ejemplo México-- que se codeaban frontalmente con los EE.UU, por no hablar de India frente a Gran Bretaña en el XVII. Quiere esto decir que, en la carrera capitalista por la hegemonía transitoria, cada vez son menos los Estados que consiguen mantenerse en el pelotón de cabeza, y que cuando un Estado se descuelga, queda algo rezagado, tiene que hacer un doble o triple esfuerzo para recuperar el terreno perdido. Hasta el presente, la experiencia histórica muestra que no ha existido ningún Estado que habiéndose quedado rezagado haya podido recuperar --siempre dentro del sistema capitalista, insistimos en este punto crucial-- al cada vez más reducido grupo, que ni siquiera pelotón, de escapados. Precisamente, uno de los miedos más incontrolables de la burguesía japonesa es ver cómo no logran recuperarse de la profunda crisis que les pudre desde hace casi una década.
El caso español es mucho más alarmante que el japonés por razones simples de entender, y que no vamos a exponer ahora. EEUU, Alemania, Gran Bretaña, Estado francés, etc., tienen hacia Japón un "respeto" que jamás tendrán con España. Al contrario. Un ejemplo entre los muchos existentes, lo encontramos en el risible ridículo internacional cosechado por Aznar en el segundo trimestre del 2001, cuando tuvo que tragarse públicamente sus arrogantes exigencias frente a Alemania y frente a los resultados de la Cumbre de Niza de mediados de diciembre del 2000 y sus coletazos posteriores, como la reunión en Bruselas del 21 de ese mes, donde el Estado español sufrió una derrota casi estratégica. Primero, España quería ser equiparada en poder a los "cuatro grandes", y fracaso siendo equiparada a Polonia, que partía en peores condiciones y no tenía a su favor la Declaración del Tratado de Amsterdam. Se quedaba así sin apenas capacidad de bloqueo en el Consejo de todas aquellas decisiones que no le interesasen. Segundo, tuvo que aceptar perder en el 2005 uno de sus dos comisarios, reduciéndose su capacidad de presión en un 50%. Tercero, tuvo que aceptar una pérdida de su peso relativo en el Parlamento Europeo, consintiendo una reducción de 64 a 50 diputados, siendo el país que más escaños pierde proporcionalmente. Cuarto, no consiguió detener por un período largo la expansión de Alemania hacia el este con el peligro cierto de drásticas reducciones en fondos estructurales y de cohesión, fondos que consigue mantener hasta el 2007-2013, pero sólo con carácter de promesa. Quinto, se enemistó con Portugal ya que apoyó decisiones que afectaban duramente al país luso, dañando muy seriamente cualquier posibilidad de una política de alianzas del sur europeo frente al desplazamiento del poder al noreste y, por no extendernos, sexto, fue penosa la imagen de cerril impotencia dada por la delegación española. En síntesis, comparando el inicial peso relativo del Estado, la parca e insegura cuantía de lo obtenido y lo mucho de lo perdido, España fue el país que más perdió en Niza.
La vencedora fue Alemania y muy astutamente, el Estado francés, que ya llevaba bastante tiempo proponiendo a Berlín soldar una alianza duradera, aceleró tanto su acercamiento a Alemania que el citado 21 de diciembre en Bruselas los franceses remataron la derrota española dificultando aún más sus ya muy difíciles condiciones de bloqueo en el Consejo. La reacción del PP fue el enfurecimiento más rabioso e infantil de su postura que pueda imaginarse. Tras lamerse las heridas y engañar y manipular en el Estado, presentando como victoria la derrota, bien pronto se lanzó a un enfrentamiento directo y suicida con Alemania en todos los frentes, pero especialmente en intentar retrasar la entrada de países del este en la UE y en lograr que los fondos estructurales y de cohesión dejaran de ser una promesa y se convirtieran en una realidad ya asegurada. Además, amenazó al gigante teutón con vetar durante mucho tiempo su propuesta para controlar la fuerte inmigración clandestina del este. Tal altanería agotó la paciencia alemana. Para abril del 2001 el choque era frontal, pero el PP había cometido el inmenso error de subestimar el poderío de Berlín y la solidez de sus alianzas estratégicas y, a la vez, sobrestimar la supuesta fuerza española. A comienzos de mayo la derrota española estaba asegurada, y el 12 de ese mes la Comisión Europea y el Estado francés dieron su apoyo oficial a Alemania, dejando sola a España sobre todo en las dos cuestiones estratégicas para los españoles como son retrasar lo más posible la expansión al este y obtener garantías de que se seguirán recibiendo los fondos de ayuda, es decir, pasar de promesa a ley.
6.- DERROTA HACIA EL ESTE Y MIEDO HACIA EL OESTE:
A la fuerza ahorcan. Desde el 13 de mayo hasta comienzos de junio, España aceptó la derrota definitiva, pero ello no impidió que el 10 de julio Alemania y Francia firmasen un acuerdo estratégico --"unión a dos"-- por el que los alemanes tendrán en cuenta a los franceses en su expansión al este. Y como las malas noticias nunca van solas, el 14 de ese mes Polonia tenía el descaro --¿apoyada por Alemania y Francia?-- de anunciar su enfrentamiento con el Estado español en el reparto de los fondos europeos. No habían servido de nada las visitas españolas en el 2000 y lo que se llevaba del 2001. Y Polonia representa en este conflicto al resto de países del este que quieren recibir esas ayudas. A finales de otoño, el 13 de noviembre, la Comisión Europea ha confirmado que reúnen condiciones para entrar en la UE en el 2004 nada menos que 10 de los 13 países que lo han solicitado. Antes de que finalice el 2002 Chekia, Chipre, Malta, Hungría, Polonia, Estonia, Lituania, Letonia, Eslovaquia y Eslovenia habrán concluido los trámites definitivos, y sólo tres, Bulgaria, Rumania y Turquía, se quedan fuera. Pero esta última dictadura sangrienta no entra por motivos políticos que no por razones económicas. Es decir, bastará algún lavado de cara ocultando la sangre kurda y de los opositores internos, para que Alemania pueda entrar a saco en el mercado turco, ansiado por el imperialismo alemán desde la segunda mitad del siglo XIX.
El palo no puede ser peor para España porque, además, viene reforzado por las duras críticas alemanas contra la "cultura del subsidio" española, como la define despectivamente la prensa germana. Alemania, y otros varios Estados, levantan cada vez más la voz contra sus desproporcionadas aportaciones a los fondos estructurales y de cohesión, y dicen ya abiertamente que esos fondos deben repartirse más equitativamente, es decir, también hacia el este. Pero es que el "este" es mucho más que los países citados, sobre todo es Rusia, a quien la UE ya había asegurado a mediados del 2000 su espíritu colaborador y de ayuda. Pero, a otro nivel, el "este" llega incluso a Japón y su área de influencia. Recordemos que en enero del 2001 la UE mantuvo una reunión muy importante con representantes japoneses y de otras economías asiáticas para elaborar un plan anticrisis financiera en previsión del agravamiento de la crisis en EE.UU. A la reunión no acudió ningún representante yanki lo que suscitó los comentarios alarmistas de la prensa estadounidense.
Sin embargo, pese a su innegable gravedad, ésta es sólo una parte del problema porque la otra es la apenas conocida expansión hacia el oeste, o sea, hacia el eje Atlántico-norte, Canadá y EEUU. Ocurre que, con razón por la fuerza atractora del mercado del este y la cualificación de su fuerza de trabajo, nos olvidamos de otro proceso expansivo, más oculto pero también decisivo, como es el de la alianza financiera y de altas tecnologías de Alemania, Gran Bretaña y Estado francés hacia el oeste. Mientras que la vía hacia los mercados eslavos, magiares y turcos está mayormente impulsada por el capital industrial y agrario, y en menor media por el financiero e I+D, aunque también, la expansión hacia el oeste la dirigen los financieros y las altas tecnologías. Aquí tendríamos que analizar el papel de la Gran Bretaña dentro de la UE, tema importante en sí mismo pero que desborda nuestra temática, aunque sí hay que decir que, de un lado, la burguesía británica está deseando entrar cuanto antes y, por otro lado, las presiones para su integración en la UE le vienen también del Japón, de las grandes empresas niponas que buscan desesperadamente poder desligarse del agujero negro que para ellas es EE.UU. Por ejemplo, en agosto del 2000 la primera transnacional de productos electrónicos, Matsushita, advirtió que cerraría sus empresas en el Reino Unido si no recibía garantías de una entrada en la UE, aunque para entonces ya sabría que en mayo de ese año se había formado la "macrobolsa" Londres-Frankfurt negociada desde julio de 1998. También sabría que desde marzo del 2000 se había creado otra bolsa europea también muy grande mediante la fusión de las bolsas de París, Bruselas y Amsterdam.
Estos y otros pasos poco conocidos permitieron que proyectos ya discutidos una o dos décadas entraran en su fase resolutiva. Lo decisivo es uniformar, simplificar y reducir los costos de las hasta entonces muy heterogéneas, embrolladas y costosas tramitaciones estatales necesarias para crear nuevas empresas, para controlar los grupos financieros, para abaratar y facilitar en suma la centralización y concentración del capital financiero, evitando que fluya a los EEUU por sus ventajas en estas cuestiones. Significativa importancia tiene la especialización de tareas entre Londres, como sede oficial, y Frankfurt como sede en nuevas tecnologías. Pero aún más importancia tiene el hecho de que este impresionante poder está oficialmente fuera de las injerencias controladoras del Parlamento europeo ya que las decisiones se tomarán entre la Comisión, el Consejo de ministros y las transnacionales europeas. No hace falta mucha imaginación para comprender lo difícil que lo tiene la débil burguesía financiera española para ser tratada de igual a igual, "con respeto", por esa horda de hambrientos tiburones pese a que el gobierno español facilitó la petición de la Bolsa de Madrid para ser aceptada en la "macrobolsa" angloalemana, y que, con esa excusa, ha impuesto una mayor centralización estatalistas de las Bolsas "regionales".
7.- ALTA BURGUESÍA EUROPEA Y DOBLE OPCIÓN ESPAÑOLA:
Tampoco el Estado español dispone apenas de recursos para negociar o presionar, y mucho menos para chantajear o amenazar a las grandes transnacionales europeas que campan a sus anchas por entre los despachos de Bruselas, sin verse sometidas a los controles ridículos del Parlamento europeo. Conviene saber que, por ejemplo, el presupuesto de Siemens equivale al PIB de Irlanda, y el de Daimler-Benz al de Malasia. Hay transnacionales que directamente dirigen la política de cientos de cargos, como hace la Bayer, con casi 400 de sus 150.000 trabajadores elegidos representantes regionales o locales, a los que la transnacional reúne una vez al mes para dictarles qué intereses de su empresa deben defender en su quehacer político, al margen de lo que piensen o deseen sus electores. No hace falta que nos extendamos en las "ayudas" de estas grandes empresas a los partidos conservadores y derechistas europeos, con la industria político-mediática y educativa, etc., pero sí debemos decir algo sobre el invisible pero enorme poder de las organizaciones empresariales europeas como la Transatlantic Business Dialogue (TABD), la Europa-BIO, que agrupa empresas relacionadas con la biotecnología y la ingeniería genética, o la UNICE que es una reagrupación de confederaciones patronales estatales con todas sus fuerzas pero también debilidades.
La más importante, la que cohesiona y representa a la voluntad estratégica de la alta burguesía europea que se está formando en respuesta a la centralización de capitales exigida por el desarrollo incontenible de la ley de valor, esta organización es el European Round Table of Industrialist (ERT), formada por las 46 transnacionales europeas más fuertes. Fundada en 1983 cuando era manifiesta la presión del proceso de centralización de capitales y exigiendo a las grandes empresas una urgente adaptación, explota a más de 5 millones de trabajadores y tiene como objetivo básico facilitar el aumento de la tasa de beneficios de sus asociados. Para ello se reúne en privado, sin la presencia de sindicatos y de organizaciones sociales de cualquier tipo, con las altas instancias de la UE, sin someterse a ningún control del Parlamento europeo. El poder de la ERT es tal que J. Delors reconocía a finales de marzo del 2001 que tuvo que pedir su ayuda para asegurar "la creación del mercado único europeo". La razón era muy simple, mientras que la UNICE tenía poca efectividad al ser una mera confederación de asociaciones estatales, que de un modo u otro defienden los intereses de sus burguesías, la ERT defiende directa y abiertamente los intereses de la alta burguesía, la que ya ha superado las limitadas fronteras de sus respectivos Estados-cuna.
Desconocemos el peso real de la alta burguesía española en la ERT, pero imaginamos que será reducido. Esta cuestión es muy importante porque permite comprender las bazas decisivas de cada Estado a la hora de las negociaciones invisibles, entre pasillos y fuera del Parlamento europeo. Comprendemos que mucha gente de izquierda siga creyendo que el poder radica, si no en el Parlamento, sí en el Consejo y en la Comisión, pero se trata de una creencia con parcial verosimilitud pues, por fuera de estas dos instituciones, maquinan y presionan las asociaciones empresariales y las grandes transnacionales. Esa creencia se basa, además de en una trasnochada teoría superficial del poder, también en una ilusa e inocente credulidad en lo que dice la prensa oficial. Por ejemplo, se han gastado océanos de tinta divagando sobre las tres propuestas --alemana e inglesa en los extremos y francesa en la mitad-- de organización interna europea --federal, estatalista o mixta-- pero sin denunciar que realmente ninguna de ellas ha precisado con algún detalle cual sería su modelo concreto y tampoco ha avanzado crítica o matización alguna a las otras dos propuestas, de modo que se divaga sobre abstracciones infladas de vacío por la prensa. Y es que el contexto mundial, europeo y estatal aconseja no ser minucioso en aquellas cuestiones que dependen de los movimientos económicos de fondo y esperar a que las tendencias se asienten un poco más para poder avanzar luego algunos proyectos superestructurales.
Tal precaución siempre necesaria es tanto más importante al prever los grandes objetivos del Estado español para su medio año de presidencia. Aunque hace unos meses Aznar dijo en Barcelona que impulsaría las redes de transporte, la liberalización energética, la mejora de los mercados financieros, la flexibilidad laboral y la mejora de la formación y educación, no hay que ser muy lince para comprender los problemas que van a crear esas ideas tan vagas en otros Estados, tema al que no ponemos tampoco entrar ahora. Hay que decir que Aznar sí tiene muy claro utilizar estos meses para intentar, de un lado, debilitar lo más posible el proceso ascendente de concienciación nacional vasca, utilizando a la UE como uno de los argumentos para reforzar el imperialismo español dentro de sus fronteras estatales; de otro lado, destruir organizativamente y debilitar política y moralmente a la izquierda abertzale y a las fuerzas progresistas y democráticas vascas; además, frenar en lo posible o condicionar la expansión al este al mantenimiento de las ayudas europeas; a la vez, ayudar a la gran burguesía a que se siente en los círculos de poder empresarial y en la expansión financiera y tecnológica al oeste, y, por último, utilizar estos objetivos en el reforzamiento de su imperialismo latinoamericano, sus relaciones con Marruecos y su anexión de Gibraltar o, al menos, un acuerdo con Gran Bretaña.
En estas condiciones, es coherente la apuesta del PP por EEUU y el Reino Unido, y más recientemente también por la Italia de Berlusconi. Mientras que el PSOE, por razones que no podemos exponer, ha intentando mantener siempre una doble vía en la que el peso fundamental lo jugaba la locomotora alemana y europea, sin olvidar a los EEUU, el PP se ha entregado atado de pies y manos a los EEUU. Su acercamiento a Gran Bretaña puede ser más circunstancial y limitado, no por voluntad propias sino por la demostrada astucia diplomática del Gobierno Blair, capaz de negociar con el diablo cualquier cosa necesaria para el decadente imperialismo británico. En el fondo, lo que aquí se está produciendo es una nueva emergencia al exterior de la doble opción internacional que periódicamente, en los momentos de crisis, se ha debatido dentro del bloque de clases dominante. Desde la decadencia iniciada a finales del siglo XVI, el poder español ha debatido, frecuentemente con guerras civiles, una opción u otra siempre dentro de los contextos estructurales y de largo alcance existentes en ese período.
Brevemente expuesto, podríamos decir que es la tradicional burguesía española, vitalmente franquista y que sólo aceptó al PSOE mientras cumplía con fidelidad los dos imperativos categóricos de, uno, soldar la "unidad nacional" debilitada por los "excesos autonomistas" y, otro, asegurar la entrada al Mercado Común Europeo entonces --a comienzos de la década de 1981/90-- no garantizada del todo básicamente por no haberse infringido una derrota aplastante del movimiento obrero; esta burguesía, repetimos, es la necesitada de mantenerse a la sombre de los EEUU al ser consciente de sus muy limitados recursos para la dura competencia dentro de la UE. Burguesía que se caracteriza, como hemos visto, por supeditar la inversión en capital fijo y en tecnología a la ganancia inmediata, despreocupándose por el futuro mediato y lejano. Una burguesía que sólo muy tardíamente ha criticado la obcecación cegata del PP en el "déficit cero", pero que tampoco se esfuerza en corregir las quiebras estructurales que arrastra desde hace decenios. Podríamos decir, además, que son las fracciones más modernas de esta burguesía las que podrían apoyar, bajo determinadas condiciones y exigencias imperativas, a un PSOE renovado que impulsase otro acercamiento a la UE y una relación menos servil con EEUU.
Tendremos que tener presente estas diferencias para interpretar en su momento las posibles discrepancias formales en el debate sobre el "patriotismo constitucional" entre el PP y el PSOE. Todavía no se ha producido ningún choque digno de mención porque ambos partidos se mueven en las indefiniciones más insustanciales, y en la práctica, lo que es decisivo, las diferencias son realmente inexistentes. Hasta donde llegan nuestros conocimientos, el grueso, por no decir la totalidad, de lo escrito sobre el "patriotismo constitucional" procede de intelectuales socialistas o cercanos, y apenas de intelectuales del PP, si es que los hay. Sin embargo, comparando lo poco que unos han dicho con lo suficiente que sí han dicho los otros, y sobre todo, comparando sus mínimas diferencias prácticas sí podemos aventurarnos a adelantar las "diferentes" concepciones del "patriotismo constitucional" del PP y del PSOE.
Los primeros, el PP, lo definirán --lo hacen ya-- como el definitivo cierre de una época de crisis histórica y comienzo de una era eterna de "unidad española", en la que las regiones y, a lo sumo, nacionalidades --nunca ya naciones, porque calificarlas como tal fue un "error y concesión injustificable" en 1978-- reencuentren su identidad colectiva primigenia pero definitivamente modernizada y adaptada a los tiempos mediante la constitución. De ahí, de ese redescubrimiento de su pasado común de donde Mayor Oreja extrae la inquisitorial tesis de la "obligación moral" de los vascos para con España, su cuna y ancestro originario. La tesis de que "los vascos son los primeros españoles en la historia", permite al "patriotismo constitucional" del PP imponernos a la fuerza una obligación estricta y total al abarcar hasta la ética, y por tanto no sólo política, de españolidad. Lógicamente, todas las restantes naciones oprimidas --gallegos y catalanes-- pero también todos los pueblos con lengua e identidad cultural diferenciada --los españoles las llaman dialectos regionales-- que quieran dar el paso constructivo a una nación libre y progresista, todas ellas quedan a la vez, automáticamente, bajo la misma "obligación moral".
Los segundos, el PSOE, ofrecen varias definiciones que no podemos resumir aquí, pero de las que sí podemos extraer un resumen que permite decir que su versión del "patriotismo democrático" se caracteriza, primero, por afirmar la necesidad de un nuevo nacionalismo español que supere los "errores" y/o "limitaciones" de los precedentes; segundo, un nacionalismo civil, político y multicultural, antes que étnico, popular y unicultural; tercero, un nacionalismo integrador y tolerante, aglutinador, antes que desintegrador, excluyente e intolerante; cuarto, un nacionalismo español, por supuesto, pero a su vez integrado en el sentimiento de "ciudadanía europea", y en su Constitución, cuando la haya, y, por último, un nacionalismo no patrimonializado por ninguna clase social o partido político, sino expresión del pacto de la ciudadanía multicultural de la nación española. Ahora bien, estas bonitas palabras pierden su encanto cautivador cuando les cae la primera gota de realidad, y en este caso les ha caído el diluvio universal del documento "Impulso Autonómico y Fortalecimiento del Estado de las Autonomías" del PSOE, que deja sin tocar las genéticas prohibiciones antidemocráticas características de la Constitución impuesta a los pueblos oprimidos.
De cualquier modo, e insistimos en esta cuestión clave, estas diferencias son secundarias y accesorias pues lo primario y substancial es la identidad nacionalista, o mejor decir, imperialista, de ambos partidos. No se entiende nada de la historia y del presente del Estado español como cárcel de pueblos, como espacio material y simbólico de acumulación de capital, al margen de las constantes que las llamadas "izquierdas" y la derecha han mantenido sobre la "unidad nacional" de y en la valoración del capital. Y tampoco nada de su futuro, es decir, de los objetivos próximos y lejanos, aunque estos últimos, los lejanos, no preocupen apenas a la burguesía como clase, pero sí a la "izquierda" en cuanto curioso y sorprendente intelectual orgánico del capital y de su Estado, papel que el PSOE cumple con esforzado celo y vocación.
8.- RESUMEN:
En realidad, los objetivos inmediatos solamente son las necesidades tácticas urgentes impuestas por la agudización de las contradicciones genético-estructurales que vuelven a minar la estabilidad del bloque de clases dominante en el Estado. Son crisis periódicas que nacen de la no conclusión de una revolución burguesa victoriosa que asegurase los mecanismos internos de reproducción ampliada del capitalismo estatal, esto es, una reproducción basada en primera y decisiva instancia en las propias fuerzas internas, en la cohesión estato-nacional y burguesa, y sólo después, en la necesidad del expansionismo imperialista exterior pero como consecuencia de la fuerza expansiva interior y previa. En el caso español, como en otros que no podemos analizar, sucede lo contrario, que la alta burguesía necesita de decisivas ayudas exteriores para asegurar su continuidad en el poder interior y para mantener a su capitalismo en una segunda fila, es decir, para que no descienda a la periferia europea, que es lo que se juega en la actual cuarta reordenación continental.
Pues bien, para concluir, el actual inicio de debate sobre el "patriotismo constitucional" es sólo una forma mistificada y espuria de ocultar las esenciales identidades imperialistas entre el PP y el PSOE a la hora de, en el contexto mundial vigente, intentar solucionar el negativo impacto que sobre el capitalismo estatal tienen las cuatro fallas genético-estructurales de España como espacio simbólico-material de acumulación de capital: débil unidad estato-nacional, retraso estructural económico y tecnocientífico, corrupción congénita y crisis de legitimidad recurrente. En el contexto mundial actual, estas cuatro crisis que se arrastran en su conjunto desde comienzos del siglo XVIII, por no rastrear cada una de ellas por separado, vuelven a recuperar su naturaleza sistémica y sinérgica, con el efecto cualitativamente negativo que implica. Desde entonces y hasta el presente, los dos más serios intentos burgueses por solucionar esos problemas --las dos repúblicas y su muy corta existencia-- han fracasado; y los intentos del bloque de clases dirigente, basados en la represión militar brutal y sanguinaria bendecida por la Iglesia y apoyada por la prensa y determinadas burguesías extranjeras, aun habiendo triunfado sobre millones de cadáveres y naciones machacadas, a la larga no han logrado resolver los problemas, simplemente los han pospuesto y agudizado. El "patriotismo constitucional" es, así, la preparación y justificación ideológicas de una nueva --otra más, en el fondo-- "solución" desesperada que el PP aplicará fanáticamente y que el PSOE matiza ya con su documento de reforma del Senado y de integración de las autonomías y regiones sin cambiar el sistema constitucional en sus bases centralistas. En este sentido, el PSOE ha mostrado más oportunismo que el PP al asumir que las autonomías pueden tener alguna pequeña representación europea pero siempre dentro e la disciplina del Estado.
19 de noviembre de 2001 EUSKAL HERRIA
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